No hay cosa que más me cabree que estar leyendo el periódico y encontrarme con textos como este, publicado en el Diario El Comercio de Gijón:
Miguel Roldán se pone en contacto con esta sección para expresar su queja hacia los nudistas que se colocan en las inmediaciones de la playa de Peñarrubia. «Recientemente, estaba yo con mi mujer y mi suegra en el restaurante junto a esta playa, observamos cómo muchas personas estaba desnudas en las escaleras. Creo que pecan de libertinos y de las señoras, por no llamarlas de alguna manera, me reservo mi opinión. Si tienen una playa, por qué se ponen en un sitio donde la gente los puede ver haciendo exhibicionismo gratuito».
Aún con los ojos "a medio volumen" y el café humeante, no me llevaba el hígado el no escribir a la columna contestando a esta persona:
Me ofende cómo gente como Miguel Roldán intentan dar una imagen de pureza y castidad recurriendo al insulto fácil y gratuíto hacia personas que no comparten sus mismas opiniones. Su "opinión" sobre el nudismo en los alrededores de Peñarrubia toca de pleno la descalificación grave hacia un amplio colectivo que disfruta de una tarde soleada, un paseo por la costa o un buen baño sin pensar ni por lo más remoto, en hacer de ese tiempo una oportunidad para exhibir sus genitales a la primera de cambio. Caballero, todos los hombres nacemos con pene y todas las mujeres con clítoris (que nadie se asuste, es algo que se enseña en la EGB) y para los que hacemos nudismo tratamos a esas partes de nuestro cuerpo de la misma forma que tratamos cualquier otra y sin ningún afán de provocar u ofender a nadie, puesto que somos conscientes de que esas partes de nuestro cuerpo por sí mismas no son malignas, impuras ni quizás demoníacas -dependiendo de las creencias particulares y muy respetables de cada persona-. Desde aquí me permito decirle que "la impureza está en los ojos del que mira" y le recomendaría que si usted o sus allegados no están de acuerdo con estas prácticas, disfrute usted de la compañía de su señora y su suegra en cualquier otra terraza de la ciudad donde no pueda ver y sentirse ofendido por estos actos. Además, me gustaría hacerle un par de pequeñas recomendaciones. La primera, mírese al espejo algo más a menudo e intente ver qué es lo que hay en su interior. La segunda, preocúpese un poco más por su vida y la de sus cercanos que por la vida de los demás. Quizás descubra que el secreto de la vida reside principalmente en el respeto hacia los demás y en la asunción de que todos somos y actuamos de forma diferente y no por eso merecemos esos calificativos que usted, tan caballerosamente, se ha reservado.
No sé, creo que muchísimos de los problemas de este mundo se esfumarán cuando gente como esta se preocupe un poco más de limpìar el polvo en sus casas en lugar de hacerlo en las ajenas.